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Don Juan Tenorio. Seducción a la española

Adroclinica administrador
04/11/2015
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sexualidad

Don Juan Tenorio. Seducción a la española

Dr Jorge Di Iorio


 

Tirso de Molina (Gabriel López Téllez)


Se trata de un personaje ficticio creado por Tirso de Molina y publicado por José Zorrilla,  arquetipo del conquistador de mujeres en la lengua española. Otros autores han tomado el personaje y argumento para obras similares.

Diversos historiadores han intentado asociar dicho personaje con algún hombre real pero no existen pruebas concluyentes. Tirso de Molina fue un monje español escritor y dramaturgo del Barroco, cuyo nombre real fue Gabriel José López Téllez (1579-1648).

 

Dicho personaje aparece por primera vez en su obra de índole religioso-romántica  “El burlador de Sevilla y convidado de piedra” entre 1612 y 1625.

 

En el Primer Acto de la obra que transcurre en Carnaval, ocurre una apuesta entre Don Juan y Don Luis Mejía para ver quien consigue, en el transcurso de un año, “obrar peor y con mejor fortuna” “conquistando mas doncellas y batiéndose en mas duelos”. Un año después Don Luis lleva 23 muertos y 56 mujeres seducidas,

Don Juan 32 muertos y 72 damas seducidas, consagrándose ganador de la apuesta.

 

Narra entre otras las peripecias de Don Juan Tenorio escapando del castigo del Rey por haber seducido a la duquesa Isabela en Nápoles, haciéndose pasar por su novio. Debe huir a España donde se “enreda” en líos de polleras desde el mismo momento en que desembarca. El común denominador de sus conquistas es el engaño, la “trampa”, con diferentes “estratagemas”, de las damas y su entorno, lo que le conlleva a batirse a duelo con otros caballeros y enfrentar “haber deshonrado” a dichas mujeres y sus parejas a todo lo largo y ancho de la obra.

 

En el final de la obra, uno de aquellos hombres muertos por él en duelo por la “deshonra” de su hija, Don Gonzalo, vuelve del mas allá y lo arrastra al infierno, devolviendo así la “honra” de todas aquellas damas y caballeros anteriormente por el “deshonrados” para que puedan, en paz, casarse.

 

Obviamente todo un argumento y una problemática digna del pensamiento cristiano de su época y de la pluma de un monje.

 

Dr Jorge Di Iorio


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