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La evolución del cerebro humano y la sexualidad. Desde los reptiles al Homo Sapiens

Adroclinica administrador
28/10/2015
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sexualidad, libido

La evolución del cerebro humano y la sexualidad.

Desde los reptiles al Homo Sapiens

Dr Jorge Di Iorio


No podemos entender el desarrollo y la evolución del ser humano solamente estudiando el último millón de años en que aparece el Homo Sapiens sobre la tierra. El estado actual de nuestra especie resulta, siguiendo los modelos darwinianos, de una evolución que se inicia hace 4.000 millones de años con la aparición de la vida sobre la tierra y diferentes especies primero unicelulares, luego vertebrados inferiores y superiores para terminar “perfeccionándonos” en los homínidos mas evolucionados, incluyendo especies ya extintas e intermediarias como el  Homo Neanderthal, hasta llegar a nuestro linaje actual. Esa evolución incluye obviamente nuestro cerebro, órgano principal que nos ha permitido un posicionamiento privilegiado en la escala zoológica. Ese cerebro es además nuestro principal órgano sexual ya que es donde se inicia el estímulo erótico responsable de la libido y disparador de la respuesta sexual humana. Pero no fue siempre así como lo conocemos hoy, sino que resulta del desarrollo evolutivo que lo fue perfeccionando en estos 4.000 millones de años pasando desde modelos primitivos que actuaban de manera puramente refleja al modelo intuitivo y pensante, razonador de la actualidad. Esta evolución se fue dando de una manera muy particular, cada “cerebro” a medida que se iba perfeccionando iba “englobando” el modelo mas primitivo, anterior, al punto que nuestro cerebro moderno presenta tres “cerebros” acoplados. Veremos cómo es esto.

 

Teoría de los tres cerebros. Paul Mac Lean





Paul Mac Lean fue un médico y neurobiólogo norteamericano que perfeccionó su teoría en la década de 1970 y al respecto publicó su libro  “The triune brain in evolution”, ed. Kluwer, basado en estudios que James Papez había realizado antes de la segunda guerra mundial. Esta teoría afirma que nuestro cerebro actual es el resultado evolutivo y perfeccionado de tres estructuras cerebrales que se han ido superponiendo unas a otras y nuestro cerebro actual las incluye a las tres.



 

Dr Paul Mac Lean




Dr James Papez


Primer cerebro, el cerebro reptiliano o “Complejo R”

Es la estructura mas primitiva, la de los instintos básicos de supervivencia,  localizada anatómicamente en la profundidad cerebral y comprende lo que en el cerebro humano denominamos “tronco encefálico”,  legado de nuestro pasado compartido con los reptiles y asimilable al actual cerebro de estas especies como cocodrilos, lagartos y tortugas. Regula las funciones vitales del organismo denominadas “homeostasia” como la regulación térmica, las respuestas de huida y ataque, alimentarnos, proteger el territorio y el sexo instintivo, reproductivo. Relacionado con las emociones mas violentas y primitivas, responde de manera refleja, compulsiva, violenta, explosiva. Es un comportamiento en parte instintivo que compartimos con nuestro primos lejanos de la evolución cuando en fracciones de segundos debemos decidir si huir o atacar, o en el tránsito si acelerar o frenar. Pero también es el responsable de las respuestas irracionales e intempestivas que solemos tomar cuando reconocemos que lo hicimos “sin pensar”, lo hicimos en realidad “pensando” con el complejo R. Muchas guerras, penales o mordidas deben haber nacido ahí. Ahí nace siempre el inicio de la respuesta sexual humana, la libido o deseo sexual, en su forma mas primitiva, instintiva y animal, la sexualidad básicamente reproductiva.

 

Segundo cerebro, el cerebro límbico o paleomamífero

Dispuesto anatómicamente por encima del tronco encefálico al cual recubre, es una estructura que los humanos compartimos con los mamíferos inferiores y superiores. Agrega a las funciones básicas instintivas del “reptiliano”  con el que se conecta, la experiencia actual y reciente, aparecen las emociones y conceptos de atracción, por ejemplo, con otros ejemplares para el apareamiento. Flexibiliza aquella respuesta rápida, refleja y compulsiva “reptiliana”. Sería el asiento del “subconsciente”. Aparecen el afecto y la memoria. En este “cerebro” asentaría el amor y las adicciones.

 

Tercer cerebro, el cerebro neocortical o neomamífero (neocórtex)

Es la última y mas moderna capa anatómica y superficial que la evolución colocó por encima de las anteriores, sólo presente en los primates y principalmente en el mas ilustre de sus homínidos, el Homo Sapiens. Es la estructura donde radica el pensamiento, el razonamiento y las emociones que conocemos y quizás nos diferencian de otras especies. Aquí radica el pensamiento abstracto, el razonamiento lógico, la capacidad de hablar,  leer, escribir e inventar propios de nuestro linaje. Es el asiento de lo “consciente”. Aquí también existe a nivel sexual la influencia de la ideología, las experiencias pasadas y los cálculos que podemos hacer a futuro de nuestro accionar. Y podemos utilizar esa información en el cortejo de una pareja, mas allá del comportamiento violento e instintivo de un cocodrilo. La respuesta de estos mamíferos superiores de nuestra especie agrega intrincados y complejos procesos tanto para una conquista cuanto una solución de una ecuación matemática.

 

Pero…¿cómo interaccionan estas estructuras entres si y con los otros “cerebros”?

Aparentemente cada estructura evolucionó de manera distinta y obedeciendo a necesidades diferentes, por consiguiente cada “cerebro” interacciona perfectamente consigo mismo en lo que refiere a sus funciones pero a veces entran en conflicto con los otros “cerebros” con los que obligatoriamente están conectados. A menudo esta “competencia” entre estos diferentes sectores, cada uno con funciones e “intereses” a veces opuestos y contradictorios entre ellos nos hacen entrar en conflicto cuando debemos optar por aquello que queremos, deseamos “instintivamente” (cerebro reptiliano”) y aquello que “lógicamente” (neocórtex) deberíamos hacer.

Una estructura particular a nivel del cerebro límbico, las amígdalas cerebrales, son el asiento del miedo. Este sentimiento consiste en una percepción desagradable de peligro inminente, que en su justa medida es una respuesta adaptativa necesaria para la supervivencia del individuo y por extensión, de la especie. Esta situación ayuda al individuo sometido a una situación de presión a resolver, a veces en fracciones de segundos, como enfrentar y quizás superar un riesgo. Lo vimos en la “respuesta rápida” descripta por Walter Cannon en la “Reacción de Alarma” del tema “El estrés y la Impotencia”. Allí decíamos que en esta situación existe secreción de adrenalina y noradrenalina con taquicardia y aumento de la presión, mayor movilización de la glucosa (aumento de la glucógenolisis hepática) y ácidos grasos, combustibles del músculo, con la finalidad de estimular la circulación sanguínea para llevar la sangre y estos nutrientes combustibles más rápidamente a los efectores musculares (brazos y piernas principalmente) para responder mejor ante la emergencia, atacando o huyendo. Además estos músculos esqueléticos de brazos y piernas, al igual que el corazón y cerebro, poseen arterias con receptores que responden dilatándose frente a adrenalina y noradrenalina, lo que aumentará el flujo sanguíneo hacia ellos, flujo que se desviará desde otros sectores menos necesarios para la reacción de alarma (como el sector digestivo, cutáneo, renal, genital, etc.) los que a su vez poseen receptores que se contraen frente a las aminas simpático miméticas. Estos mecanismos a su vez explican otros signos y síntomas como la sequedad de boca y palidez, tan antiguamente asociados a situaciones extremas. A nivel sexual obviamente esa vasoconstricción genera una caída inmediata de la erección.

 

A pesar que podemos creer que la parte pensante, razonadora, el “neocortex” esta a cargo de la situación, muchas veces cuando estamos conflictuados lo que sucede es justamente lo contrario, razonamos o intentamos razonar desde el neocórtex, pero señales profundas provenientes de aquel legado que históricamente compartimos con cocodrilos y dinosaurios interfieren con nuestras intenciones originales, es el sabotaje del complejo reptiliano. En última instancia y mal que nos pese a los Homo Sapiens, muchas veces intentamos razonar y tomar decisiones desde el cerebro mas moderno, el neocórtex, pero aquellos sectores mas primitivos están atentos y vigilantes. El mecanismo en lo sexual puede ser que  atormentados por un episodio de impotencia en el pasado y almacenado en el subconsciente nos hace repetir el bochorno frente a una nueva conquista. Pero es el mismo mecanismo que puede salvar nuestra vida en la próxima esquina o en la siguiente trinchera. Para la evolución, la supervivencia del individuo es la prioridad ya que de ella depende el éxito de la especie y su linaje.

 



Dr Jorge Di Iorio


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