Las ondas de choque y el tratamiento de las disfunciones sexuales

Las ondas de choque y el tratamiento de las disfunciones sexuales

 

Las ondas de choque se utilizan en medicina desde la década de los 80. Su principal aplicación en el campo de la urología es en un procedimiento denominado “Litotricía Extracorpórea” en el que esta técnica se utiliza para la fragmentación de los cálculos renales de los pacientes. El mecanismo de acción es bastante comprensible y los resultados surgen a la vista, los cálculos son destruidos por el impacto y excretados. El tipo de ondas de choque con que trabajan estos equipos se denominan “de alta intensidad”.

Otro tipo de ondas de choque, esta vez “de baja intensidad” se utiliza principalmente como antiinflamatorio y es frecuentemente indicada en algunos procesos inflamatorios como tendinitis, codo de tenista, etc.

En algún momento diferentes autores comenzaron a asociar ambos tipos de ondas de choque a mejora eréctil en pacientes portadores de disfunción eréctil en observaciones que no resultaban claras ante la clase médica. Los mecanismos de acción que defienden aquellos colegas que publicaron esta mejora no ha sido claramente convincente a la comunidad científica. Afirman que las ondas de choque promueven la “neovascularización”, esto es, formación de nuevos vasos sanguíneos, nunca claramente confirmados por investigadores independientes. Además, quienes trabajamos hace muchos años en este campo interpretamos la erección como un mecanismo complejo del punto de vista hemodinámico en el que intervienen factores de entrada y salida de presión al cuerpo cavernoso en un mecanismo simil “hidráulico” en el cual una neovascularización prácticamente “no encaja”. En varios congresos pedimos mayor evidencia científica de esta mejora y nunca nos fue proporcionada. Las evidencias muchas veces venían de colegas comprometidos con la industria de fabricación de estos equipos, esto es médicos con conflictos de intereses con las empresas que fabrican los equipamientos de ondas de choque, con lo que sus datos no eran muy objetivos. La industria de fabricación de equipos médicos y medicamentos a veces no tiene el comportamiento ético que debería, ni una sana independencia con sus médicos asesores (conflicto de intereses),  y en nuestra especialidad sobran los ejemplos. A veces promocionan productos que no son efectivos o a un producto ya presente en el mercado para un determinado uso le adjudican nuevas “bondades” en el afán de vender mas.

Mencionaremos dos ejemplos.

A) Bombas de Vacío:

Son aparatos concebidos con la finalidad de producir una erección artificial mediante el efecto de vacío en torno al pene. En 1961 el Dr. David Osbon lo perfecciona  para tratar su impotencia y lo patenta en 1974. Creemos que a partir de la década de los 90 los nuevos tratamientos no harían necesaria su existencia, sin embargo siguen existiendo. Actualmente la oferta de estos aparatos es variada y los hay de diferentes orígenes, ya sea fabricados por proveedores de material médico siguiendo padrones de calidad, como también de origen dudoso y menor precio, como los que se suelen encontrar en los “Sex Shops”, donde habitualmente agregan a sus mínimas propiedades el siempre vendedor argumento del aumento de tamaño del pene, es el llamado “Prolong-System”.

Muchos (inclusive médicos) lo promocionan con el argumento de que mejora la vascularización peneana, nunca demostrado.


B) Apomorfina (U-Prima):

El U-Prima, producido por el  laboratorio Abbot fue lanzado al mercado en el año 2000.

La vía de administración sub lingual mucho más rápida que la regular y la masticable parecía  promisoria. El laboratorio lo presento con bombos y platillos como superior a la competencia (Viagra) y a todo lo conocido.

Hasta aquí todo muy bien en el plano estrictamente teórico. En la práctica el fármaco nunca funciono de manera efectiva. Varios especialistas extranjeros en conflicto de intereses con el laboratorio concurrieron a nuestro país invitados a hablar sobre las bondades del producto. Varios especialistas locales, también en conflicto de intereses se sumaron a ellos. El fármaco nunca funcionó y muestra de ello es que ningún laboratorio se interesó en copiar el producto (vean el número elevado de copias de Viagra y Cialis sólo en nuestro país, indicador indirecto que el fármaco es efectivo).

Fue un verdadero fiasco, un fracaso rotundo de la industria farmacológica al punto que prácticamente hoy no existe.

En nuestro país no está disponible en plaza. Creemos ya se ha discontinuado a nivel mundial vista su ineficacia.

Como vemos, a veces la industria médica no cumple cabalmente su función social con el afán de vender.

Luego de este paréntesis volvamos a las “ondas de choque de baja intensidad” para el tratamiento de la disfunción eréctil. En un reciente congreso internacional de la especialidad se desarrolló un panel de debate titulado “Ondas de Choque Sí o No” donde diferentes especialistas habrían de debatir sobre el tema. La mesa se inició con un defensor (en conflicto de intereses con la industria que vende los equipos) y un colega detractor. Muchos participamos y personalmente presente mis dudas –como lo vengo desarrollando aquí pero en un lenguaje obviamente técnico- ninguna de las cuales fue aclarada. Simplemente el colega refería porcentajes de éxito, no certificado por médicos independientes (independientes significa sin conflicto de intereses) ni por estudios paraclínicos que pudieses evidenciar una mejora. Terminado el panel fui personalmente abordado por tres amables representantes de la industria que tenían en exposición sus equipos de “ondas de choque” a presentarme sus equipamientos e información técnica. Uno de ellos me presentó una propuesta muy interesante. Cedernos en calidad de préstamo un equipo de ondas de choque para utilizar en 6 pacientes y comprobar su utilidad. Los pacientes deberían ser estudiados y asesorados que estaban realizando este estudio y los tratamientos serían sin costo. La empresa propondría un paciente. Si el trabajo mostraba una mejora yo podría comprar el equipo con una bonificación. Se seleccionaron los pacientes y se entrenó un médico de nuestro equipo para utilizar el aparato ya que yo era, a priori descreído del procedimiento. El colega que desarrolló el estudio era, por el contrario, optimista. Ninguno de los pacientes tuvo mejora (ni siquiera el paciente propuesto por la industria) y uno, empeoró. Luego, representantes de la empresa me contactaron para informarme que a veces podría ser necesario otros protocolos de tratamiento, como los medicamentos facilitadores de la erección que utilizamos a diario en nuestros tratamientos. Obviamente les respondí que para ese segundo protocolo no precisaríamos comprar ningún aparato, ya que es lo que hacemos diariamente.

Puede parecer que seis pacientes son pocos pero se suman a los relatos de otros colegas con experiencia similar en todo el mundo.

Por último, como dijimos antes, la industria farmacéutica y de equipamientos a veces promocionas productos que no son efectivos o a un producto ya presente en el mercado para un determinado uso le adjudican nuevas “bondades” en el afán de vender mas. Precisamente hemos visto también comunicaciones de que estas “ondas de choque” serían efectivas en la Enfermedad de Peyronie. Sólo existe evidencia que mejora el componente doloroso cuando esta enfermedad está en fase aguda, igual que si el paciente tomara una Aspirina, pero mucho mas caro.

 

 

Dr Jorge Di Iorio

Director de Androclinica.

 

 

 

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